Estrenar cuarto de baño es una sensación fantástica. Ese cristal impoluto, los perfiles brillantes y la sensación de pulcritud absoluta. Sin embargo, al cabo de unas pocas semanas, la realidad del día a día aparece en forma de sutiles manchas blanquecinas, gotas que parecen grabadas a fuego y carrileras que ya no se deslizan con la suavidad del primer día.

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